Capítulo III (Adiós Corazón)

Capitulo III

Entre a la tienda. Hasta ese momento me dí cuenta del nombre. “Electrodomésticos La Caja Negra”, y cuyo logo era una caja con forma de televisor de color negro, bastante obvio.

Sin embargo, existía algo en esa tienda que lo hacía especial, la tienda existía de más de treinta años y el estar ahí lo hacía sentir especial a uno. Ver cada detalle de la mueblería que ahí había, lo hacía retroceder en el tiempo a uno.

Estaba tan maravillado observando todo cuando Stephanie me entrego una camisa con el logo de la tienda y me dijo rápidamente:

-¿Vienes a ver reliquias o trabajar? Ponte rápido la camisa que te debo explicar todo.
-Ahorita lo hago – y rápidamente me dirigí al baño del local, cuando Stephanie me dijo-
-Si te apuras te contaré lo que sé de esa chica.

Ni dos veces escuche su última frase y ya me encontraba uniformado y listo para trabajar, pero cuando salí de la habitación donde me vestí con el uniforme, me encontré solo en la tienda.

Pasaban las horas y tras dos o tres clientes que visitaron la tienda en el día, nunca ví a Stephanie hasta que ya eran las 19:30 horas y alguien entraba a la tienda; era una señora de unos 50 años. Su cabello tenía un color negro pero se notaban unas canas saliendo de el. Me observo por un momento y me dijo:

-Jovencito, ya es hora de cerrar la tienda; ¿Estuardo no te dijo nada?

Lo negue con la cabeza y ella continuó

-Este hombre, siempre hace lo mismo. ¿Como te llamas?
-David- rápidamente me recordé de la chica y le pregunte-, mucho gusto señora. Disculpe, una pregunta, su esposo me hablo de una compañera que esta en el hospital. Me podría decir su nombre por favor.
-¿La niña que estaba antes que tú? ¿Para que necesitas que te lo diga?
-Quisiera visitarla y decirle que tiene mi apoyo.
-Veo que tiene una buena intención, yo voy a verla ahorita mismo, vamos en mi auto.

***

Tras unos quince minutos de trayecto en su auto, llegamos al Hospital General. Sinceramente, no me gustan los hospitales, sin embargo, esa noche era una situación especial. Caminamos por los pasillos hasta llegar a la Información y ahí, después de tanta espera, pude escuchar su nombre.

-¿Buenas tardes Señora Celeste, viene a ver a la chica de nuevo?
-Si, vengo a ver a Marcela.
-Esta bien, ¿el joven le acompaña?
-Sí, el me acompaña.
-Deberán de apurarse pues en unas horas entrará a la cirugía.
-Lo sé. No se preocupe, solo vine a desearle éxitos.
-Habitación 321 -replico la enfermera- y por favor, no le digan nada que le pueda alterar.

Caminamos por el hospital subiendo al tercer nivel y llegando a la habitación 321. Cuando entramos a la misma en una cama estaba ella, pero no tenía esa sonrisa, estaba apagada, viendo al techo de la habitación como si estuviera perdida.

La señora Celeste, se acerco despacio a su lado y le susurró algo al oído. Ella seguía viendo al techo. Yo estaba en una esquina, recordando la chica sonriente que conocí, y viendo a una chica que parecía que ya no sentía nada más. No duramos 2 minutos en su habitación cuando doña Celeste me dijo que ya era hora de irnos. Me acerque al lado de Marcela, bese su mano y camine detras de doña Celeste sin antes preguntarle:

-¿Que tiene?
-Es una larga historia David, pero en resumen, la encontraron inconsciente en la tienda. Mi hija Stephanie fue la única que estaba ahí y no se dio cuenta de nada, hasta que yo llegue. Al traerla al hospital, estaba deshidratada y con un cuadro crónico de gastritis. Los doctores al verla únicamente dijeron que era de esperar su evolución, sin embargo, es muy difícil que viva.
-¿Y su familia?
-Ella es huérfana, nosotros le adoptamos hace 10 años, cuando ella apenas tenía 9 años. Bueno jovencito, lo veo el martes en la tienda, yo debo irme a mi casa.
-¿Pero mañana Lunes no abren?
-¿No te lo dijo Estuardo? estes hombre, siempre hace lo mismo. Abrimos de Martes a Domingo. Mañana no trabajas. Feliz noche David.
-Muchas gracias por avisarme. Feliz noche doña Celeste.

Y así ya eran las 20:30 horas, ella se alejo en su auto, y yo en el hospital recordé que ya no habían buses para mi casa ni llevaba suficiente dinero para un taxi, así que decidí dormir en la sala de espera, me preocupaba la situación de Marcela; aunque me pareció triste que ni sus padres adoptivos esperaran a ver como salía de la operación.

Miles de preguntas pasaban por mi mente y así me quede dormido en una silla… Cuando de repente sentí que me levantaban.

-Joven, usted venía con la Señora Celeste a ver a Marcela -replicó preocupada la enfermera-.
-Sí, yo era. ¿Que paso?
-Marcela no ha respondido bien a su operación, y necesitamos un donante. Hemos llamado a su casa y no responden. ¿Que tipo de sangre es usted?
-No lo sé – replique-
-Acompañeme le haremos un exámen.
-Pero como esta Marcela – le respondí rápido a la doctora-

Ella únicamente respondió:

-Si la desea ver con vida de nuevo, debemos encontrar su tipo de sangre…

 

 

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